08 agosto 2006

El rincón del Catequista : Quiero ser catequista, ¿cómo le hago?


Seguramente, en algún momento, tal vez antes de iniciar el curso de catequesis, se ha acercado a ti, catequista, alguna persona haciéndote esa pregunta. Y claro, como en todas nuestras parroquias hace falta “mano de obra”, te apresuraste a indicarle a la persona en cuestión el día y la hora en que debía presentarse para comenzar a trabajar. Pero, me atrevo a asegurar que ese nuevo catequista no sólo entra con unas ganas enormes de emprender esta actividad; también entra con grandes dudas y con deficiencias en su formación. Y tú, catequista, aunque recibes con alegría al nuevo miembro del equipo, tendrás dudas acerca de: ¿Quién debe formar al nuevo catequista? ¿Qué aspectos debe abarcar dicha formación? Para comenzar, he de aclarar que esto no pretende ser un recetario de formulas mágicas o el manual de usuario del nuevo modelo de prospecto de catequista G-SU-XTO 20/06. Sólo queremos dar algunas luces para poder apoyar al nuevo catequista en su formación.
Respondiendo a la primera cuestión, no se trata de echarnos la bolita unos a otros para ver a quién le corresponde formar al catequista: el catequista nace y es enviado dentro de una comunidad, para ser testigo de Dios y servidor de sus hermanos, y es por ello que no hay otro medio para formar a un nuevo catequista que desde su propia comunidad. Es el equipo de catequistas, con su párroco al frente, quienes deben guiar en sus primeros pasos a quien quiera dedicarse a la catequesis.
Uno de los aspectos fundamentales que debe contener esta primera formación es la Identidad del catequista. La gente piensa que es muy fácil “dar catecismo” y tienen razón. Pero hay que aclarar, citando a Marcelo A. Murúa, que nosotros “no damos catecismo, SOMOS CATEQUISTAS”: educadores en la fe, promotores de la educación de la fe, fieles al mandato de Jesús: “Vaya, pues, y hagan discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a guardar todo lo que yo les he mandado” (Mt 28,19,20 a). Es relativamente fácil explicar un texto que tenemos en las manos, cumplir con un programa ya establecido, dar una clase en un determinado horario… pero ser catequista es mucho más que eso. El catequista tiene una vocación particular, un llamado a ejercer un servicio dentro de su comunidad. Las circunstancias pueden haber sido muchas, pero de ellas se ha valido Dios para llamar y elegir a todos para que le sirvan (Mc 3,13). Ser catequista implica además, estar siempre a la escucha de la voz de Aquél que nos ha llamado, y de los gritos y súplicas de la gente que nos rodea, para que nuestras catequesis no hablen de un Reino que esperamos conseguir después de la muerte, con la vida eterna, sino que lo vamos construyendo todos, día a día con nuestra solidaridad, con nuestro trabajo a favor de aquellos que más lo necesitan. El catequista no es el que “más sabe”; “el que enseña a los ignorantes”, es un compañero de camino para sus niños. El mensaje que transmite el catequista, a su vez lo transforma y lo hace crecer en la fe, junto a los catequizandos.
Como puedes ver, ser catequista es mucho más que enseñar oraciones, o preguntas y respuestas esquematizadas, o preparar para la “primera comunión” u otro sacramento. Es una forma nueva de ver el mundo que nos rodea y transformarlo, a la luz del Evangelio.
Esperamos que esta reflexión la compartas con tu equipo de catequistas, sobre todo con aquellos que inician. Próximamente hablaremos de otros aspectos que debe abarcar la formación de un nuevo catequista.

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